Octubre se ha consolidado como el Mes de la Ciberseguridad, una instancia que invita a reflexionar sobre un desafío que ya no pertenece únicamente al ámbito tecnológico. Hoy, la seguridad digital forma parte de nuestra vida diaria y condiciona la confianza con que utilizamos servicios públicos, plataformas educativas, sistemas financieros y Redes Sociales.
Vivimos en una sociedad donde la información se ha transformado en uno de los activos más valiosos. Cada trámite en línea, compra por Internet, atención médica, expediente académico o transferencia bancaria genera datos personales que deben ser protegidos. Sin embargo, mientras la transformación digital avanza, también evolucionan las amenazas. Los ciberdelincuentes ya no necesitan vulnerar complejos sistemas; muchas veces les basta engañar a una persona mediante un correo convincente, un mensaje de WhatsApp o una llamada que aparenta ser legítima.
La tecnología, por sí sola, no resolverá este problema. La experiencia demuestra que la principal barrera de protección sigue siendo una ciudadanía informada y organizaciones que incorporen la ciberseguridad como parte de su estrategia, y no como una reacción cuando ocurre un incidente.
Chile vive un momento trascendental. La entrada en vigencia de la Ley Marco de Ciberseguridad y la nueva Ley de Protección de Datos Personales representan un cambio profundo en la forma de gestionar la información. Ambas fortalecen la responsabilidad de las organizaciones, elevan los estándares de seguridad y reconocen que los datos personales pertenecen a las personas, no a quienes los administran.
Más que nuevas obligaciones, estas leyes son una oportunidad para consolidar una cultura de seguridad y privacidad. Cumplir la normativa implica revisar procesos, fortalecer controles, capacitar a los equipos y asumir que la protección de la información forma parte de una buena gestión institucional.
A ello se suma un escenario marcado por la inteligencia artificial. Hoy es posible generar correos fraudulentos casi perfectos, clonar voces o crear contenido falso con un nivel de realismo inédito. Al mismo tiempo, estas herramientas permiten detectar amenazas con mayor rapidez y fortalecer la capacidad de respuesta frente a incidentes. La diferencia seguirá estando en el uso responsable de la tecnología.
La ciberseguridad dejó de ser una preocupación exclusiva de las áreas de informática. Es una responsabilidad compartida entre autoridades, empresas y ciudadanía. Todos administramos información y todos somos responsables de protegerla.
El Mes de la Ciberseguridad debe ser mucho más que una conmemoración. Debe convertirse en una oportunidad para revisar nuestras prácticas, fortalecer la protección de los datos personales y asumir que la confianza digital se construye cada día. La invitación es a actuar: informarnos, capacitarnos, adoptar buenas prácticas y hacer de la ciberseguridad una prioridad permanente. Solo así construiremos un entorno digital más seguro para las personas, las instituciones y el desarrollo del país.
Por: Francisco Javier Parada Barriga
Jefe Unidad de Tecnologías de la Información
Universidad de Concepción Campus Los Ángeles










