Tras conocerse los resultados el académico e investigador Sergio Morales Candia analizó las cifras y entregó propuestas para trabajar dichos desafíos.
El informe PISA (por sus siglas en inglés Programme for International Student Assessment) es un Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes realizado por la OCDE con el objetivo de medir el rendimiento académico de alumnos y alumnas de 15 años en materias de lectura, matemáticas y ciencias.
PISA evalúa hasta qué punto las y los estudiantes cercanos al final de la educación obligatoria, han adquirido algunos de los conocimientos y habilidades necesarios para la participación plena en la sociedad del saber; y de esta manera conocer su nivel de preparación para enfrentar los desafíos que podrán encontrar a lo largo de su vida
Durante agosto y septiembre del 2025 nuestro país participó de dicha evaluación a través de una aplicación online, con una muestra de más de 200 establecimientos a lo largo de todo Chile.
Los resultados arrojaron que, si bien Chile se encuentra en una mejor posición en cuanto a Latinoamérica, sigue estando por debajo del promedio OCDE.
Crisis en el sistema educativo
El académico de la Universidad de Concepción y vicepresidente de la Sociedad Chilena de Educación Matemática, Sergio Morales Candia, se refirió a lo que mostró dicha evaluación, observando diversos desafíos en el camino.
“No solo no mantuvimos los resultados anteriores, sino que se agudizó la brecha que existía”, inició comentando el docente. Los resultados a lo largo del tiempo permiten ver que había una baja en los números esperados, afirmando Morales que “la tendencia indica que nosotros vamos a seguir a la baja si continuamos con las cosas como están actualmente”.
Producto del análisis que permite la prueba realizada, el académico aseveró en que “tenemos una brecha de más de 10 años de conocimiento. Ese fue el salto que se dio actualmente. Por lo tanto, ahí hay varios desafíos para nosotros como universidad, para el Ministerio de Educación y para las políticas públicas que hay que levantar”.
6 de cada 10
El profesional afirmó que la situación es bastante compleja, y que la disminución en los resultados también permite evidenciar los vacíos en la formación. “Actualmente, bajo el nivel 2 que establece PISA, que tiene que ver con aquellos estudiantes que no tienen los conocimientos mínimos necesarios para desenvolverse en una sociedad moderna, como el conocimiento o habilidades matemáticas, se concentra el 59% de los estudiantes chilenos que rindieron la prueba”, explicó.
Esto se entiende como que 6 de cada 10 jóvenes no tienen los conocimientos mínimos esperados, lo que empuja a que en un nivel de alfabetización matemática no puedan tomar decisiones o interpretar, por ejemplo, datos estadísticos, o ejecutar tareas muy sencillas con instrucciones directas.
“Y por otro lado, tenemos estudiantes que están entre el nivel 2 y el 4, que son aquellos que si tienen las competencias necesarias, y que, si bien no están en el nivel más alto, cumplen con lo mínimo, siendo un 40% de los estudiantes”, acotó el docente.
Actualmente, Chile no cuenta con estudiantes que alcancen el nivel más alto de la evaluación, siendo el 5, a diferencia de otros países que cumplen con un 8% aproximado de alumnos y alumnas en ese nivel, mientras que en países asiáticos la cifra llega al 50%.
Un llamado al trabajo conjunto
Quienes observan este contexto identifican algunas señales en las que trabajar. Así lo explicó Morales Candia, quien apuntó a que en nuestro país “prima un enfoque de enseñanza de la matemática muy centrado en lo algorítmico, en tareas de baja exigencia cognitiva, tareas que no fomentan habilidades como, por ejemplo, el análisis, la autorregulación, o ser capaz de plantear inferencias. Todo eso tiene que ver con el pensamiento crítico”.
Dentro de otros factores también se identifican las distracciones en las salas de clase, o el uso de pantallas en las mismas. A esto, se suma que “los estudiantes en este momento no son capaces de autorregular su proceso de aprendizaje. No saben cómo aprender, declaran que sí les interesa progresar, que no tienen problema en consultar a sus pares o profesores, pero no saben o no tienen técnicas ni un conocimiento que les permita autorregular su propio proceso de aprendizaje”.
Desde ahí es que reflexionó afirmando que “el desafío es cómo conseguimos trabajar de manera horizontal, cómo conseguimos esa horizontalidad entre las políticas del Ministerio de Educación, las instituciones escolares y nosotros como institución académica. Nosotros como cuerpo académico tenemos un conocimiento teórico profundo. Hemos estudiado muchas de las problemáticas que se están evidenciando en estos resultados, pero las escuelas tienen un conocimiento práctico en el que nosotros no necesariamente hemos aprendido lo suficiente. Por lo tanto, aquí la invitación es a colaborar con objetivos comunes desde la universidad, estudiar estos temas, conocerlos en profundidad y en contexto, pero con vínculo con los establecimientos”.
Finalmente, el académico resaltó el trabajo realizado en el Campus Los Ángeles con las capacitaciones en base al texto Sumo Primero, un programa que recordó “se ha enfocado en fomentar la profesionalización docente, con el objetivo de que ellos puedan utilizar el potencial de estos textos, que justamente tienen como propósito generar autonomía en los estudiantes”.
De este modo, hizo un llamado a realizar investigaciones situadas con los profesores y estudiantes, pero también con los equipos directivos, con el objetivo de que dicho problema pueda ser abordado con los diferentes actores del sistema educativo nacional.












