Estudiantes de Biotecnología Vegetal destacan el valor de sus prácticas profesionales para su desarrollo científico y humano

 

 

3 de Diciembre de 2025
Autor: Valentina Balboa Torres

La experiencia de práctica profesional suele ser un punto de inflexión en la formación de los estudiantes de Ingeniería en Biotecnología Vegetal del Campus Los Ángeles de la Universidad de Concepción. Así lo viven Cristian Ortiz Matus y Vicente Carillo Mellado, quienes hoy se encuentran en la etapa final de su carrera y que, a través de sus prácticas, pudieron poner a prueba sus conocimientos, descubrir nuevas áreas de investigación y desarrollarse tanto en lo profesional como en lo personal.


Cristian realizó su práctica en el Instituto Antártico Chileno (INACH), en Punta Arenas, donde se integró a la Unidad de Concursos y Medio Ambiente para colaborar en la actualización de los planes de gestión de Zonas Antárticas Especialmente Protegidas. Allí trabajó con información científica internacional, análisis cartográfico y literatura especializada en inglés. Pero lo que más destaca es la dinámica del equipo en el que se desenvolvió, compuesto por glaciólogos, expertos en paleobotánica, especialistas en fauna y profesionales de distintas disciplinas. “Fue una experiencia muy enriquecedora, porque tuve que aprender sobre áreas que no manejo. Pese a que nuestra formación es muy de laboratorio, pude adaptarme a la oficina, a la redacción de informes científicos y al trabajo multidisciplinario”, comenta.
Su paso por el INACH también significó un crecimiento personal importante. Viajar en avión por primera vez, instalarse en una ciudad que no conocía y desenvolverse en un ambiente completamente nuevo le permitió descubrir un ritmo distinto al universitario, así como la apertura a nuevas oportunidades. “La gente fue muy amable y me invitaron a seguir colaborando en el futuro. Sentí que podía aportar y que lo que había aprendido en la carrera realmente tenía valor”, señala.


Vicente, en tanto, viajó hasta Requínoa para integrarse al Centro de Estudios Avanzados en Fruticultura (CEAF), donde efectuó mediciones morfofisiológicas de Colobanthus quitensis, una planta antártica que también estudia en su tesis y apoyó diversos proyectos de mejoramiento en frutales y especies hortícolas. Su práctica combinó laboratorio, invernadero y trabajo en terreno, con actividades tan diversas como tinciones, extracciones de azúcares, inoculaciones y análisis de estructuras vegetales. Ese contacto directo con equipos de agrónomos, bioquímicos, ingenieros y otros especialistas amplió su perspectiva sobre el quehacer científico. “Dejas de trabajar por una nota y comienzas a entender los tiempos reales de un centro de investigación. A veces hay recursos disponibles, pero no se pueden usar. Otras veces hay reuniones que detienen el trabajo y uno tiene que adaptarse. Todo eso te conecta con la vida laboral real”, explica.


Su experiencia fuera de Los Ángeles también tuvo un impacto personal significativo. Convivir por más de dos meses con profesionales jóvenes, muchos recién egresados o cursando posgrados, le permitió construir redes y sentirse parte de una comunidad científica en formación. “Con el tiempo te vuelves cercano a las personas del equipo, compartes después del trabajo, conversas sobre proyectos y así se forman lazos que pueden ser oportunidades laborales más adelante”, relata.


Ambos estudiantes coinciden en que la carrera los preparó sólidamente para enfrentar estos desafíos. La formación en biología molecular, fisiología, metodologías experimentales y lectura científica, sumado a la posibilidad de integrarse al laboratorio desde etapas tempranas, les dio confianza y autonomía. Vicente destaca especialmente ese punto, “Entré al laboratorio en segundo año, así que al llegar al CEAF ya sabía trabajar con Colobanthus quitensis. Eso me permitió aportar ideas, identificar posibles mejoras e incluso apoyar decisiones técnicas. Esa experiencia previa fue fundamental”.


La mirada de ambos sobre su futuro profesional es optimista. Sienten que estas prácticas les permitieron comprender que la biotecnología vegetal no se restringe únicamente al laboratorio, sino que se proyecta hacia múltiples ámbitos de investigación y desarrollo, desde la ciencia antártica hasta el mejoramiento de cultivos en centros especializados. También coinciden en que esta carrera aún tiene mucho por descubrir. “La biotecnología es un área donde hay más preguntas que respuestas. Falta mucho por investigar y hacen falta más personas interesadas en hacer avanzar el conocimiento”, señala Vicente.
Por eso, cuando se les pregunta qué le dirían a quienes están considerando estudiar Biotecnología Vegetal en la Universidad de Concepción, ambos son claros: si hay curiosidad, ganas de experimentar y de aprender constantemente, esta carrera es una gran opción. “Si les interesa la ciencia, si son inquietos y quieren entender cómo funcionan las cosas en el mundo vegetal, aquí van a encontrar un lugar donde realmente podrán explorar y aportar”, concluyen.

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